martes, 28 de octubre de 2008

La verdadera historia del Viejo Vizcacha. Parte 3. Parágrafo 1. El Código V.V.

Señoras y señores:
En el trámite que hoy me ocupa partiré desde donde un investigador que me precede, que en lo demás merece el mayor de mis respetos, en esta ocasión ha perdido inexorablemente el rumbo, mal que le pese. Intentaré guiarme por su escrito sin menospreciar sus errores, pues ellos serán las boyas que señalen los atolladeros vanos por los cuales no deberé internarme si es que pretendo articular algo interesante. Acerca del segundo autor, me limitaré a soslayarlo sin mayores justificaciones. No obstante, prometo que en el presente transcurrir polemizaré poco, al menos con personas individuales. Nunca he podido convencerme de la verdad de la sentencia según la cual la guerra es el padre de todas las cosas. Creo que proviene de la sofística griega y falla, como ésta, por sobrestimar la dialéctica. Me parece, al contrario, como si la llamada polémica científica fuese en todo sentido improductiva, prescindiendo de que casi siempre se la cultiva con un sesgo en extremo personal.
Ahora bien, no por azar me he visto intrigado por los enigmas que encierra la figura del V.V. Es que dicha temática constituye un punto de entrecruzamiento con mis engorrosas pesquisas que no persiguen otros fines que desentrañar los grandes misterios del universo, o al menos esbozar posibles puntos de apertura. Yo no sé cuánto sabe cada uno de ustedes acerca de mis tratados, sea por sus lecturas o de oídas; pero estoy obligado, por la letra de mi anuncio -«El Código V.V.»-, a tratarlos como si nada supieran y necesitasen una instrucción preliminar. No partiremos de premisas, sino de una investigación. Como objeto de ella escogeremos ciertos fenómenos que son muy frecuentes, harto conocidos y muy poco apreciados, y a primera vista parecería que nada tienen que ver con nuestro personaje.
Mis abordajes nacen en el supuesto de que toda creación humana es pasible de ser explorada en su íntima vinculación con los fenómenos del lenguaje. Esto es, circunscribir un fenómeno al medio socio-cultural que lo ha engendrado, para lo cual su referencia al lenguaje es tan imperiosa como ineludible. Ya en otro ensayo (1) destaqué la importancia del lenguaje y su adquisición en el pasaje del organismo viviente al ser humano social y cultural.
El punto de partida de mis estudios lo propició el descubrir verdades en las palabras, y se presentó sin aviso en mi diario acontecer como un interesante ejercicio. Ahorrando detalles, relataré que me puse en conocimiento de que si bien las palabras son el vehículo por excelencia a la hora de comunicarse, para ello pueden valerse no sólo de las formas consabidas. Es así que una palabra o incluso una frase puede parecer expresar algo, pero las más de las veces está proponiendo un enigma a descifrar. Esto no hace más que remarcar la división clásica manifiesto-latente, o enunciado-enunciación, tan cara a la escuela psicoanalítica. Y bien, así me desayuno con la revelación que portaba una frase en apariencia trivial, quizás hasta sacada de una fábula, a todas luces inocente. Ella reza: “Dábale arroz a la zorra el abad”. Lo prodigioso se esconde en una lectura que prescinde de la literalidad y se zambulle en su estructura. No cuesta darse cuenta que la frase puede ser leída de derecha a izquierda o viceversa y su pronunciación será exactamente la misma. Pero, y aquí el develamiento, no busca anoticiarnos acerca de las costumbres nutricias de una zorra ni del cuidado prodigado por el abad para con ella. Menos aún es parte de ninguna fábula, idea a la cual uno no dudaría en abrazarse por el simbolismo que impregna a sus protagonistas. No. La alegoría es otra. Esta frase nos está enseñando la circularidad del espacio y del tiempo. No hay punto de referencia, de ningún modo se sabe si se avanza o se retrocede, las historias se repiten, no hay continuidad progresiva ni lineal. Aprehender esto es dar apenas un paso en el arduo camino de la sabiduría. No pretendo conducirlos por él, sólo podría señalarles el rumbo, o apenas aconsejarlos por dónde no encaminarse. Como yo en este caso, que con la ventaja corro de conocer de antemano las vías estériles para el constructo fecundo que persigo. Si a esta altura se preguntan por la relación que existiría con el V.V., solamente les demando paciencia, de a poco nos iremos avecinando en pos de la inteligencia del asunto. En verdad:
«No arte ni ciencia solas;
¡paciencia pide la obra!»(2)

(1) FERNÁNDEZ M. y col. “Los hijos de la cárcel”, inédito, año 2002.
(2) GOETHE, “Fausto”, Parte I, Escena VI.

4 comentarios:

queveselcielo dijo...

Leí todo. Y no fue ningún "Laburo" que me tuve que tomar.


Más allá de que tengas un estilo literario bastante complejo, es un placer leerte, a mi particularmente, algunos de estos textos me provocaron releer, me incitaron a la reflexión, tus textos en general suelen tener un dejo metafórico que casi desafía a leer entre líneas.

Me desafiaste.
Y yo acepté, releí, y me voy con ese desafío hecho pensamientos y opiniones.

Besos

Miks dijo...

Bueno, me tome el trabajo... que no considere trabajo hasta que vi debajo la etiqueta y decidí también usar palabras para comunicarte algo.

Pienso, muchas veces que hay un lenguaje, mas allá de las palabras, que si bien complementa a las mismas es mucho mas sutil e incluso mas comunicativo que las mismas. Creo en varios de tus argumentos, Creo que el mundo, la historia, la vida misma es cíclica y se enrosca sobre si misma como un espiral que nos muestra la sutileza de los cambios en nuestras decisiones repetidas e infortunadas para darnos la posibilidad de crecer frente a lo que nosotros mismos cargamos como cruz, como kharma o simplemente accedemos por costumbre e ignorancia.

No siempre igual creo en las palabras, a esas se las lleva el viento. Prefiero las acciones, hechas y concretas, que fundamenten las opiniones para darle forma a la idea del otro, a la idea de uno.

Igualmente y para contradecirme, creo también que si no creyera en las palabras no tendría sentido escribir este comentario, y, al fin y al cabo, en mis dedos la retroalimentación ha salido por este texto.

Sin mas me despido.

Miks dijo...

hice un comment re largo que decia que no creia en las palabra y esto me lo borro...

ahora no se ni como reescribirlo y me me llene de bronca...

Anónimo dijo...

Siento no haberlo leído, ud. comprenderá en este momento estoy en estado de ebriedad, pero ya recuperaré la oportunidad de leerle.
Sólo quería decirle que despierta en mí cosas como nadie y eso que no le he visto en persona. Ud. se sabe un buen escritor, o al menos tiene un excelente dominio de la lingüística. Sepa que le admiro, y siento algo... sin encasillar con palabras, pero fuerte.
Con el cariño que le tengo me despido, con un beso en la frente.
Recuérdeme, abráceme fuerte.