jueves, 2 de octubre de 2008

Vals de calesita

Desde el fondo de la calle nos llama sin cesar ese triste vals de calesita. Un hombre, también irremediablemente triste y gris, busca desde siempre al amor de su vida. Esta vez cree que lo encontró, pero el precio por su amor suele ser demasiado caro y sin garantía de una mirada que mire con ternura, ni de una palabra de bálsamo, ni de amor. Pero como todos sabemos la vida vale menos que el amor.
Sabemos que estamos habitados por la ilusión y las tormentas de la duda. Todos nosotros soñamos con una mentira que nos sostiene con un delgado hilo de esperanza, que se corta por el peso de un suspiro.
Pero no importa, a seguir, a seguir, buscamos lo irremediable, un destino tan evidente que, ante él, nos comportamos como ciegos felices al cruzar sin guía una esquina con semáforo en rojo.
Todos los demás, incluidos los otros hombres, nos dicen del final fatal, eso no importa, ya que sólo el amor puede vencer a la muerte, o al menos hacer más soportable la vida. Queremos saber, sin saber que mientras más lo hacemos, ella, la muerte, nos mira deseosa y nos abre sus brazos.
Los poetas lo saben, por eso convierten a nuestros fantasmas en letra.
Las pitonisas lo saben, por eso se entretienen con nuestra desesperación.
Los hombres sabios lo saben, por eso se hacen los otarios y escriben libros, lejos de las sábanas desordenadas.
Los mozos lo saben y sólo escuchan y ofrecen tomar algo.
Buscamos la llave del amor que abre todos los corazones, en el barrio del dolor y en la calle de la desesperación, por supuesto para empresas imposibles ninguno mejor que nosotros.
¿Por qué uno no pone atención en el deseo de ellas, deseo de tenernos sometidos y esclavos de sus caprichos?
Porque es un placer misterioso el que nos mueve a soportar, esas trampas de la nada, la esperanza de transformarla en buena, de sacarla del fango, de que aprenda algo de lo que tenemos para mostrarle.
Así nos pasamos la vida, perdiendo el tiempo, con los bolsillos desfondados por la ilusión no cumplida, buscando donde no hay, hallando lo que no está.
Cualquier precio es barato, ya que nos embargaron la existencia, dicen, aún antes de que los fluidos de nuestros padres se confundieran, y la deuda, como la externa, se multiplica por segundos.
Encontrarnos con el amor de nuestras vidas no tiene precio, no hay plata que lo pague, por eso el circulante que ofrecemos son nuestros proyectos, nuestras secretas obscenidades, y muchas veces nuestra libertad.
El misterio del sexo lo vale, ¿adonde firmo don Satanás?.
Los recuerdos del futuro nos obsesionan, pero como todos sabemos vale menos la vida que el amor.
Uno se deslumbra ante Ella, allí donde siempre se había perdido, en un lugar de empresas imposibles, precisamente en un casino. Alguno dice "... malas compañías son tus ilusiones, alguien ha tomado ya nuestras decisiones"..."... son tus esperanzas trampas de la nada"..., uno lo sabe, pero qué importa cuando se encuentra a aquella que nos desafía con llevarnos al borde del desvanecimiento y la unión total.
Siempre tendremos calles oscuras, malandras que nos persiguen, cuentas pendientes, milongas que nos apresan en la eternidad, galanes doctos que solos no pueden con algunas, puentes estrechos, llaves que no abren más que promesas, ríos del olvido, victorias, empates y fracasos.
Siempre nos encontraremos con nosotros mismos, con nuestro niño, que nos interpela por sus ilusiones, las que nos dejó en caución y que nosotros hemos convertido en decepciones.
Nunca nos faltará el encare de la muerte, esa que con cualquier calle hace esquina, la que nos motiva a cantar, hablar, o silbar en la oscuridad para espantar el espanto.
Vendrán todas las que amamos, quisimos, acariciamos y miramos a llamarnos en coro por las noches en la bacanal de nuestros sueños y pesadillas, tentándonos para que volvamos.
Nos darán el último aviso, el final, la fija, pero seguiremos hacia el abismo con los brazos abiertos con dignidad o con estupidez.
¿Sabés por qué todo esto? Porque como dice cualquier poeta, y los poetas son unos exquisitos exploradores del alma, la vida vale menos que el amor.
Y eso... es verdad.

1 comentario:

Miks dijo...

morir en el otro para renacer en uno. Buscar hacer posibles los imposibles, creer que hay algo que nos salve cunado nosotros mismos caminamos al abismo. Para mi, ahora, después de todo lo vivido, es meramente masoquismo...