lunes, 6 de octubre de 2008

Que los cumplas...

¿Qué decirle a un cumpleañero? La verdad de una buena vez es el mejor regalo. La siguiente es una carta que lo dice todo con crudeza, sin dejar de quedar bien.


A Joao Rulo Pequenho
Estimado amigo:
Con recelo de errar a la ventura una vez sumergido en esta empresa de esculpir mis congratulaciones por conmemorarse anualmente su nueva gambeta a la parca, me dispongo a pintarrajear con alegorías un "feliz cumpleaños", puesto va de suyo que a secas repiquetea como poca cosa. Pretendiendo extraer algo de una galera que no tengo, no me abstendré de reproducir al infinito, como en espejos borgeanos, más o menos los mismos artilugios de siempre con la ilusión de ir internándonos en un inacabadamente laberinto de sentido, cuando en realidad lo que se dice es invariablemente lo mismo. Bien lo sabe cada cual, a poco que se sincere, que no hay mucho que decir en estas ocasiones. Aunque es común apreciar cómo algunos alcahuetes con el afán de hacer de su saludo un aureolado suceso llegan a participar al homenajeado de sentimientos que nunca habían sospechado tener hasta ese momento. Actitud que va engordando con el consumo de espirituosas bebidas a lo largo del orgiástico festín, como modo de expiación por la creciente culpa estar morfando de arriba, por la irresistible tentación de quedar plasmado para la eternidad en el fotográfico recuerdo o por estar mirando con ganas a la hermana del cumpleañero. Puede que lo que le digo golpee como un hachazo su narcisismo, pero confieso que yo mismo he llegado a formar parte de ese clan. Sin ir más lejos antes de ayer. No sea ingenuo, a nadie le interesa demasiado cuando nació o el momento que se le cayó el primer diente de leche. No les crea a los que se muestran emocionados porque usted sopla una vela. ¿O acaso usted mismo memoriza haber sentido algo similar? No se engañe amigo, esto es parte de un telón delirante que permite tirar un manto piadoso sobre una cruel verdad que se hace patente en cada nueva arruga. Usted está más viejo, por eso es que hacen como que festejan. Ojo, que no lo digo ostentando mirar desde el monopolio de la sapiencia y la superación; es más: una vez por año me gusta creer en tal pantomima. Y aunque el pecado de la soberbia me deje muchas veces boqueando fuera del agua, no le evitaré más la cruel verdad. Usted está más cerca de la muerte. ¿He de felicitarlo por eso? Lo dudo. Pero si a usted le hace bien, no cavilaré un instante más en decirle "Feliz cumpleaños amigo mío. Sepa que lo quiero mucho"
Suyo
Gastón

1 comentario:

Andreievna dijo...

1) Eso suponiendo que haya mayor probabilidad de que la muerte nos agarre por viejos y no por fiesteros.

2) Es un orgullo que el autor de este blog me haya puesto entre sus links.

3) De todos modos, prefiero que para mi cumpleaños me saluden mis amigos. Como siempre.